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oct 5

Written by: Redacción Web
05/10/2010  RssIcon


Entrevista realizada por Manuel Lana Arias a Violeta Monreal Para la REVISTA PLATERO en su número de diciembre de 2001. En ella, Violeta da un repaso a la actualidad del mundo de la ilustración del momento y revela algunos de sus principios a la hora de encarar un proyecto
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Manuel Lana Arias.
¿Qué es una ilustración?


Violeta Monreal. Antes de explicarlo me parece conveniente comentar que toda actividad artística proviene de la necesidad humana de generar y disfrutar con la ficción. Lo que nos hace humanos es trascender nuestras necesidades más básicas. Es la capacidad de disfrutar de tiempos de ocio. Del ocio surge la creación de ficción. Recordemos los cuentos de transmisión oral. Contar historias es una necesidad ancestral, y para ello hay varios caminos. El oral, el escrito, y el plástico. Desde la invención de la imprenta el relato literario y el plástico confluyen. Dentro de la categoría de libros ilustrados yo distinguiría entre libros para mayores y libros para pequeños. En mi opinión, una ilustración en libros para mayores es un dibujo que pretende aportar algo al texto escrito, complementándolo y mejorándolo. Una ilustración para niños muy pequeños, niños que todavía no saben leer es algo más que un dibujo de compañía, en esas edades es el dibujo el que transmite la lectura; la historia. El dibujo  transciende su código para convertirse en el verdadero texto de los libros, siendo el texto en muchos casos el complemento. 

M.L.A. ¿Cuál es la parte más compleja en la realización de una ilustración? 

V.M. En mi proceso creativo se dan varias fases, la primera suele ser lo que yo llamo la apropiación del espacio y la segunda la creación de caracteres. La primera es la más emocionante, aunque no la más compleja, es la de crear un entorno como si de una película se tratase. En esta primera fase intento que el libro se impregne de una estética según sus necesidades. Siempre tiene que surgir una chispa, a veces es hablando con alguien, otras, es a punto de dormir, incluso cuando te dispones a ver un telediario; de repente, ZAS, chispazo, se presenta la idea y luego todo es ya mas fácil, pero más pesado porque las ideas hay que trabajarlas, y eso supone un montón de horas, días, a veces semanas sin poder pensar en otra cosa.

Crear los personajes es divertido, ponerlos a trabajar dentro del espacio es quizás lo más difícil, porque hay dibujos que “actúan” muy mal, son un tanto afectados y hay entonces que enseñarles a ser unos profesionales.

M.L.A. Cuéntenos como fueron sus inicios como ilustradora.

V.M. En lo que se refiere al trabajo de creación de imágenes, tengo que decir que la necesidad de hacerlas es casi física, para explicar la idea más nimia dibujo lo que quiero explicar. Para mí, dibujar es aprehender la realidad y entenderla. Yo empecé sabiendo que los libros eran un tesoro. De pequeña siempre quería poseerlos. 

Llegado un momento, pensé que mejor que poseerlos sería hacerlos y aunque creía que era un sueño casi imposible decidí gastar suelas de zapato y visitar todas las editoriales. Visitándolas todas, con constancia a prueba de desánimos, acabas consiguiendo el primer libro, de poca calidad o calidad mejorable, pero el sueño se hace realidad. A partir de ahí, empieza otra vez a aparecer el “deseo”. Un deseo irrefrenable de publicar otro libro aunque parezca imposible de nuevo.

M.L.A. ¿Cómo definiría tu estilo?

V.M. Es un estilo ecléctico en el sentido clásico de la palabra. Tomo lo que me interesa de nuestro bagaje cultural. Busco de otras culturas lo que estéticamente se adapta a mis necesidades concretas; lo mezclo todo en mucho casos, para buscar mis propias soluciones. Intento que mi trabajo sea una escalera en la que yo voy  subiendo escalones según aprendo y descubro formas de representar la ficción.

Intento que la ilustración aprenda de la forma contemporánea de hacer la música, en la que el músico crea absorbiendo ritmos de su realidad más cotidiana. El único defecto que creo no debe caer el ilustrador en el “manierismo”, esto es, encontrar una forma de dibujar diferente y anclarte  en ella. 

M.L.A. ¿Qué técnica suele utilizar en sus trabajos?

V.M. En función de la historia que quiera recrear y del clima que quiera evocar utilizo un tipo de textura, linea, o rasgado...

Cada libro pide un poco la forma en la que quiere ser hecho. Yo intento que coincida con lo que a mis más me gusta hacer, romper, componer y que el azar trabaje un poco. Creo que la técnica es lo que más deseo variar, intento no cansarme con la parte más material del trabajo, cuando me aburro significa que hay que buscar añadidos o técnicas diferentes.

M.L.A. ¿Se considera una autora-ilustradora o una ilustradora que escribe de vez en cuando? 

V.M. Cuando pienso una idea para un dibujo la pienso por escrito. Esas líneas se convierten en un dibujo. Cuando pienso la idea para un libro es lo mismo la idea comienza por una líneas, después pienso la forma gráfica que quiero dar a ese texto. Escribo el cuento completo y por último hago los dibujos. Estos dibujos cambian siempre lo escrito, con lo que es cuento varía y no está terminado hasta que los dibujos no “escriben” su última palabra. En cuanto al trabajo de buscar ideas para los libros, en realidad, escojo los temas que más se acoplan a mi sensibilidad. Me gusta contar historias. Pensarlas, dibujarlas con palabras o escribirlas con dibujos, para mí, es un poco lo mismo, cambian los procesos, no los objetivos. Podríamos decir que tengo ideas, normalmente son plásticas y últimamente se vuelven literarias con mayor facilidad.

M.L.A. Cuando ilustra un libro infantil, ¿le preocupa más que se entienda el mensaje o despertar mediante las imágenes la curiosidad del niño?

V.M. Despertar el interés me parece relativamente fácil. Creo que, además, hay que enriquecer la experiencia visual del lector y, si se puede, proporcionarle una experiencia estética. Según la edad del niño me preocupan unas cosas más que otras. En los niños pequeños me conformo con contagiarles el gusto por los libros. En los mayores aspiro a que ese gusto sea crítico, y que esa critica sea capaz de articular respuestas hacia su propia vida. Pero, generalizando, intento convencer a todos grandes y pequeños de que gracias a los libros, imágenes y textos podemos vivir y sentir cosas que en la vida cotidiana nunca conseguiremos.

  

M.L.A. ¿Qué le aportan los encuentros con los niños?

V.M. La exigencia absoluta de renovarme constantemente. La posibilidad de comprobar lo que de verdad les interesa. Para mí, cada encuentro es como una obra de teatro en la que mi actuación, como si de un personaje de cuento se tratara, debe de dejar algún tipo de huella. En los encuentros no soy Violeta, soy una idea. Soy lo que pienso que los niños necesitan para estimular su creatividad y su amor hacia el libro y la lectura de texto y de imágenes.

M.L.A. ¿Cuál es su idea de un álbum ilustrado?

V.M. Los álbumes son el canal perfecto para que la ilustración se convierta en lectura. Son el territorio idóneo para regodearse en la imagen y, de esa forma, adquirir cultura visual, puesto que sólo viendo diferentes estilos conseguiremos que el gusto general de la gente aprecie lo más diverso. Hay muchos álbumes, sin embargo, que son una búsqueda de satisfacción estética de adultos para adultos. No digo que estén mal, pero no me parece que sean lo más adecuado para los niños. Yo personalmente, intento siempre que cualquier libro que hago, por pequeño que sea, actúe como un álbum.

M.L.A. ¿Cómo valora el actual panorama del libro ilustrado en España?

V.M. Muy saludable en cuanto a creatividad. Mediocre en cuanto a su promoción, comercialización y difusión en los medios. Se compra mucho ya hecho, y aunque esto está cambiando un poco, tenemos que conseguir con nuestro potencial tan diverso que otros países fuera de España deseen adquirir nuestros libros. Hay que llegar a que en el marco común que son las ferias se deje de pensar en comprar y creer firmemente en la idea de vender. Creo mucho en la necesidad de una industria cultural española fuerte y exportadora.No estoy de acuerdo con el consumo rápido de los libros, el lanzamiento de novedades como valor comercial. El libro debe durar y hay que cuidarlo mediante promoción. Cuesta demasiado crearlo para que en un año ya se consideren como algo pasado.

M.L.A. ¿Recuerda algún libro ilustrado que le haya impresionado especialmente? ¿Por qué?

V.M. Mis fuentes son muy diversas. Lo cierto es que intento impregnarme más del trabajo de pintores y arquitectos que de libros ilustrados. Por ejemplo, me han impresionado mucho las cajas de Joseph Cornell por su forma de llevar la idea del collage a la tridimensionalidad, creando objetos íntimos y cargados de múltiples lecturas.Los dibujos de viajes del arquitecto John Hedjuk, Joan Brossa y su concepto de Poesía visual, La columna de Trajano y los Pórticos de iglesias en cuanto a su vocación de narrar historias con imágenes. 

Las cárceles de Piranesi por su evocación de lo que no se ve trascendiendo lo que se ve, por su creación de espacios grandiosos a la vez que agobiantes. Y muchos otros que no relaciono aquí por no extenderme demasiado.

M.L.A. ¿Guarda algún recuerdo especial de alguno de sus libros  ilustrados?

V.M. De mi trabajo, la verdad es que el libro que más me estimula es el que no está hecho, el que estoy ideando, el que estoy proyectando. Ese es el mejor. Mi último libro suele ser mi mejor recuerdo, cuando lo  recibo en un sobre, pienso que es el libro más especial. No obstante, guardo especial recuerdo de ¿A dónde va la nieve que se lleva el viento? Por ser el primero que escribí y me publicaron. Recuerdo cada libro como parte de un proceso en el que lo mejor está todavía por hacer.

M.L.A. ¿Qué libro le gustaría haber ilustrado?

V.M. Soy muy ambiciosa, mi divisa es “libro veo, libro quiero”. Todos, absolutamente todos los libros que veo me gustaría haberlos hecho yo. Menos mal que, gracias a una “cura de desintoxicación”, últimamente empiezo a ver libros disfrutando y alegrándome por el autor o ilustrador... aunque, lo cierto es que todavía no estoy del todo curada y tengo fuertes recaídas.

PDF Entrevista con Violeta Monreal en la revista PLATERO