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Written by: Redacción Web
12/12/2011  RssIcon


Entrevista realizada por Lucía Dorronsoro a Violeta Monreal el 2 de diciembre de 2011 en ABCNCLASE, el suplemento de educación del DIARIO ABC. Bajo el título «Violeta Manostijeras», la entrevista comienza así: 

La escritora e ilustradora Violeta Monreal recogió hace unos días el L Premio CCEI al mejor libro ilustrado, una distinción que la Comisión Católica Española de la Infancia ha concedido este año a la editorial Bruño por uno sus últimos trabajos, «16 pintores muy, muy importantes». De la mano del que es su pareja sentimental y artística, Óscar Muinelo, autor de los textos, Violeta realiza un personal y didáctico recorrido por las vidas de algunos de sus grandes maestros. Con ella hemos hablado de lo que, asegura, da mayor sentido a su obra: «poder compartir su arte con los más pequeños, con quien mantiene permanente contacto a través de talleres y charlas en los colegios».

LUCÍA DORRONSORO. «16 pintores muy muy importantes»... pero quédese con aquellos que han tenido una especial influencia en su formación.


VIOLETA MONREAL. Elegir es tan difícil... nos ha costado mucho llegar a la selección final que compone el libro. Yo creo que para despertar la curiosidad de cualquier niño Miró o Matisse son fundamentales. Y en mi caso, digamos que Paul Klee es mi particular «capricho», para mi fue un gran descubrimiento. De todas formas, es que yo me acabo implicando mucho en las vidas de los pintores a los que admiro, es mucho más fácil entender y apreciar la obra de cualquier artista cuando conoces la historia que hay detrás. ¡Qué diferente es ver el famoso cuadro de Van Gogh de los trigales y cuervos negros cuando sabes que a los pocos días de acabar esa obra el pintor se suicidó!.



L. D. Sus ilustraciones se caracterizan por ser una especie de juego que fomenta la capacidad de observación del lector.

V. M. Pienso que mis libros consiguen que el niño se detenga y que no tenga ganas de soltarlo. Yo creo firmemente que el dibujo es un elemento que estructura la mente del niño. En Educación Infantil, por ejemplo, quitaría tanto otoño y tanto invierno y lo sustituiría por Arte, se puede hacer perfectamente.

L. D. Ponga en una balanza la creatividad y la habilidad, ¿qué pesa más? Me refiero al hecho de que muchas veces los patrones clásicos (quién dibuja bien, quién canta bien) cierran más puertas de las que abren.

V. M. La falta de habilidad puede suplirse con trabajo. Y la creatividad es como el deporte, un músculo más que hay que desarrollar para mejorar su rendimiento. En nuestro sistema educativo hay una ruptura impresionante entre la Educación Infantil y el paso a Primaria. Hasta los seis años se admite una libertad creativa que luego se va reduciendo poco a poco, prima la seriedad, pasan de los rinconcitos mágicos que tienen en las aulas al pupitre puro y duro... y, sin embargo, siguen siendo niños. 

L. D. ¿Usted siempre tuvo una habilidad natural desde pequeña? ¿Le animaban en casa a explorar su creatividad?

V. M. Siempre tuve una habilidad especial para el dibujo, pero copiaba. El desarrollo de ese otro mundo que es la creatividad de cada artista me llegó más tarde. Y sí, en casa siempre han confiado en mi trabajo, mis padres son profesores y creo que por eso me gusta tanto enseñar mis ilustraciones a los pequeños lectores.

L. D. ¿Recuerda qué libro ocupaba un lugar privilegiado en su mesilla de noche cuando era niña?

V. M. Yo leía de todo, me bebía los libros, desde lo que tocaba leer a una niña (Mujercitas, Heidi), como lo que no tocaba (Salgari, Julio Verne), y eso que entonces había pocos protagonistas femeninos que fueran valientes. Pero si tengo que elegir sólo uno me quedo con «Pollyanna», con el positivismo de esa niña, que es capaz de disfrutar de un punto alegre entre tanta tristeza.

L. D. Para terminar, propónganos un plan cultural para este fin de semana. 

V. M. Tengo muchas ganas de ver las colecciones del Hermitage en el Museo del Prado.



LA TÉCNICA DEL PAPEL RASGADO

Mientras atiende a nuestras preguntas, Violeta saca, como de una chistera mágica, una pequeña caja de lata llena de simples trocitos de papel. «¿Por qué el rasgado de papel?», explica a la vez que recorta con sus hábiles dedos un corazón imperfecto a modo de dedicatoria. «Si te das cuenta —continúa—, a la mayoría de los niños les gusta dibujar pero no colorear, se cansan y se lamentan del resultado porque, normalmente, se encuentran con un folio en blanco enorme por llenar. Pero si en su lugar les damos un trozo de papel para que piensen cómo expresar una idea y les dejamos que jueguen con él hasta encontrar su sitio, la perspectiva cambia». Para la ilustradora, «cada papel quiere ser una cosa, lo que pasa es que a veces somos muy insensibles y no les escuchamos. Si le preguntas a ese pequeño trozo amorfo qué quiere ser y si le escuchas, acabará contestándote».

Obsesiva. «Es mucho más fácil entender y apreciar la obra de cualquier artista cuando conoces la historia que hay detrás»

Crítica. «Yo quitaría tanto otoño y tanto invierno en Educación Infantil y lo sustituiría por Arte en mayúsculas»

Soñadora. «De niña leía de todo, lo que tocaba leer a una niña y lo que no tocaba: de Louisa May Alcott a Salgari»

MUY PERSONAL

«Más de 26 años trabajando, 200 libros publicados y cuando presento un proyecto nuevo sigo pensando que me van a llamar y me van a decir: no tienes ni idea Violeta, dedícate a otra cosa. ¡Menudo agobio! Pero he seguido adelante...». Perfeccionista, insegura y muy exigente, la autora recuerda con luces y sombras su etapa escolar y su paso por la Academia de Bellas Artes de San Fernando como alumna. ¿Hay algo que le gusta especialmente pintar?, le preguntamos. «Si fuera pintora, sólo pintaría paisajes, me encantan los paisajes, pero yo creo que aporto más como escritora e ilustradora que como pintora, para mi ese es el mejor premio», concluye.