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oct 4

Written by: Redacción Web
04/10/2011  RssIcon


Entrevista realizada por Alfonso García a Violeta Monreal el 2 de octubre de 2011 en FILANDÓN,  el suplemento dominical del DIARIO DE LEÓN. En la entrevista, Violeta explica: «Gracias a la fantasía se puede valorar mejor la realidad que nos rodea».



ALFONSO GARCÍA 02/10/2011
Violeta Monreal (Oviedo, 1963) es licenciada en Bellas Artes. Con una brillante trayectoria e indudable proyección, es hoy uno de los referentes esenciales de la literatura infantil y juvenil en español. Autora de dos centenares de títulos, no pocos con la firma en texto e ilustraciones, ha sido traducida a varios idiomas y recibido numerosos reconocimientos. Especialista en dibujo infantil y creatividad, su intensa dedicación a este mundo se proyecta fundamentalmente en tres planos complementarios: como creadora, como creadora en permanente contacto con jóvenes lectores y como conferenciante.



Alfonso García. Autora de dos centenares de libros, entre los ilustrados y aquellos en que firma imagen y texto, ha conseguido un estilo inconfundible. ¿Cómo es posible llegar a tener una personalidad artística que no admite comparaciones?

Violeta Monreal. Esta pregunta es, en sí, un halago. Muchas gracias. Llevo muchos años de trabajo. Nunca he buscado un estilo con el objetivo de ser original. Más bien, he buscado, siempre, resolver problemas estéticos investigando con las técnicas y objetos más cercanos a mí. Para cada planteamiento, uso una técnica que extraigo de la realidad y con un ojo siempre puesto en la historia de la pintura.

A.G. Supongo que la abundancia de una obra se basa en que aún cree que le quedan muchos recursos por descubrir…

V.M. Yo diría que, más que recursos por descubrir, son historias lo que me queda por contar. Tanto la palabra escrita como la ilustración las utilizo para contar historias que creo que deben ser contadas. Por otra parte, si lo piensas bien, el número de títulos que tengo publicados también se debe a la gran cantidad de años que llevo trabajando.

A.G. Usted trabaja, según dice, estando en las nubes. ¿Por qué éste es un buen método o un buen estado para la creación?

V.M. Cuando me refiero a las nubes, me refiero a que cuando tengo un proyecto en proceso, me abstraigo de tal modo que cualquier suceso de la vida real que se interponga me perturba. Si atiendo a la realidad es para absorber algo de ella que beneficie ese dibujo o proyecto. Por eso siempre se me quema la comida, las pocas veces que cocino yo.

A.G. El permanente contacto que mantiene con los niños le provocará no pocas ideas. ¿Es la fantasía un verdadero valor, al menos en esas edades?

V.M. La fantasía es un valor en edad temprana, pero también en todas las etapas de la vida. Gracias a ella, se puede valorar mejor la realidad que nos rodea. Sin embargo no concibo la fantasía como un modo de evadirse de la realidad, sino como un punto de vista alternativo y creativo para interpretar lo que creemos que son hechos y que sin embargo son siempre interpretaciones de los acontecimientos.

A.G. ¿Qué cualidad fundamental, a su juicio, debe adornar a quien se dedica al mundo de la literatura infantil y juvenil?

V.M. Humildad y vocación de servicio. Olvidar el propio ego y pensar en qué se puede ser útil y qué se podría aportar a los demás.

A.G. ¿Cómo piensa un libro –o una colección, habitual en su obra-, de la que es autora tanto del texto como de las ilustraciones?

V.M. Busco aquello que es importante para la vida de las personas, normalmente, me suelo fijar más en lo que es importante para los niños. No solo me fijo en lo cotidiano sino en aquello que creo que es importante para su desarrollo para su, nuestro, futuro. Una vez que fijo el objetivo, desarrollo los proyectos marcándome unas guías muy claras. Creo que nuestro cerebro es como la plastilina, hay que estar siempre moldeándola porque si no, se seca y endurece y el que un niño lea, atienda, entienda, escuche y cree, hace que su cerebro se vuelva más moldeable, y por tanto, que pueda adaptarse a diferentes situaciones y adoptar diferentes formas.

A.G. En concreto, ¿qué importancia tiene el color en la provocación del interés, del interés lector y artístico de los más jóvenes?

V.M. El color es importante para educar el sentido estético, que está muy abandonado en nuestra sociedad. El desarrollo estético de las personas es lo que más puede ayudar en el desarrollo de la personalidad y de la capacidad de elección. Y el color en concreto, tiene la capacidad de generar, instantáneamente, estados de ánimo; lo que, en ilustración, facilita la comunicación de lo que quiero transmitir en cada imagen.

A.G. Usted es conocida además por ejercer ambas actividades. ¿Cómo se llevan el dibujo y la palabra? ¿Literatura o Arte? ¿O más bien Literatura y Arte?

V.M. No hay separación entre una y otra. Cuando aparece una idea, a veces hay que escribirla, pero a veces aparece un título que necesita ser dibujado. Creo que, aunque un libro no tenga ilustraciones, el lector verá imágenes, ilustrará el libro en su mente. Mis ilustraciones no son importantes, lo que importa es lo que el lector imagina y ve.



A.G. Como ilustradora, ¿hay algún autor cuyos textos sean más propensos, más sugerentes para la plasticidad?

V.M. Me gustan mucho los escritores que se toman su trabajo en serio. Con responsabilidad. Aunque debo decir que mi tendencia natural es leer acerca de los artistas plásticos y los problemas estéticos y plásticos que han intentado resolver a lo largo de la historia más que leer ficciones de este o aquel autor.

A.G. ¿La ilustración debe intentar suscitar, incluso cultiva los sentimientos? ¿Cómo y en qué medida?

V.M. La ilustración y el texto. Las imágenes que yo creo a partir de un texto intentan que el niño se conozca a sí mismo. Cuanto mejor se conozcan las personas mejor podrá mejorarse a sí mismo. Yo no creo que nuestra naturaleza como personas no pueda cambiar. Cuando el escorpión de la fábula de Esopo pica a la rana en medio del río y los dos se ahogan mientras el escorpión dice: «Lo siento, es mi naturaleza». Yo digo que el escorpión puede cambiar, que podemos cambiar cosas de nosotros mismos y del mundo en que vivimos.

A.G. ¿Qué valor tiene el dibujo, la ilustración como ejercicio pedagógico?

V.M. La ilustración forma parte de la adquisición de experiencias y recuerdos de los niños en sus edades tempranas, aún antes que la palabra escrita. El poder de evocación de las imágenes es indudable. Todos recordamos alguna que otra ilustración de cuando éramos pequeños y nos produce una sonrisa.

A.G. El libro, la lectura en el aula. ¿Por qué aconsejaría su presencia? ¿Qué cualidades esenciales debe reunir un libro que interese a los jóvenes lectores?

V.M. Igual que hay instrumentos en un gimnasio para ejercitar los músculos, debe haber libros en las aulas para ejercitar la mente. Los libros deben ser ligeros, es decir, breves, para que la perspectiva de leerlos no agobie. Debe disociarse la literatura de la enseñanza de la lengua como disciplina académica. Debe estar absolutamente permitido abandonar un libro si éste no nos parece interesante. Toda lectura es importante. Puede ser un cómic, un libro, un blog o un artículo de periódico.

A.G. ¿Hay que educar, provocar la creatividad entre los niños? ¿Tiene actualmente alguna consideración la educación estética en el aula?

V.M. La educación estética es fundamental no solo en el aula sino en todos los ámbitos de nuestra actividad, incluyendo en los hogares. La creatividad es necesaria para afrontar los problemas de muy diferentes maneras. Para no tener que esperar que alguien nos diga cómo resolver las cosas. Pero no solo debemos esperar del aula que forme a nuestros hijos. Los padres deben asumir su responsabilidad en esta tarea.

A.G. ¿Quieren y necesitan dibujar los niños?

V.M. Dibujar para un niño es como para un adulto tomarse unas vacaciones, a todos les apetece. Cuando son pequeños, todos sabemos dibujar, todos dibujamos. Tenemos que conseguir que no dejemos de hacerlo con trabas y prejuicios que coartan su libertad creativa con convencionalismos estéticos heredados de una formación académica trasnochada. Deberíamos estar dibujando todos: políticos, financieros, deportistas, padres, niños y todas las capas de la sociedad porque dibujar no es más que adquirir práctica para resolver los problemas de la vida real.