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jun 14

Written by: Redacción Web
14/06/2010  RssIcon


Hay un momento en el desarrollo de los niños y niñas en el que tienen que tomar una decisión, a veces inconsciente, pero de gran importancia. La decisión de abandonar la infancia, en la que realidad y fantasía configuran un todo mágico, para ingresar en la pre adolescencia en la que se sienten obligados a demostrar que ya son mayores.




    La serie Pamela Panamá se originó en una biblioteca. Estaba yo hojeando un precioso libro de hadas en la sección de los libros para niños más pequeños buscando un hada concreta. Una niña muy pequeña, como de tres años, se acercó a mí y me miró con la insistencia de quien quiere decir algo. Al principio, no hice caso pero, después de un rato, mi libro de hadas pasó a segundo plano pues esperaba que aquella niña, o se fuera, o apartara su mirada de mí, o me dirigiera la palabra. La niña se acercó y con una voz clara, de niña que sabe y cree en lo que dice, me preguntó:

—Señora. ¿No es usted muy mayor para leer ese libro de hadas?

—¿Cómo? —contenté molesta, pues tengo que decir que entre mis muchos defectos está el ser un tanto picajosa y susceptible (aunque tengo mucha paciencia y puedo controlarme).

—Es que... ¡las hadas no existen! —contestó muy orgullosa de compartir ese gran secreto. Y, deseosa de ir más allá, continuó diciendo:

—Es que... ¡yo no creo en las hadas!.

Lo cierto es que por un momento no supe qué responder, luego miré alrededor, me agaché y, poniendo mi voz más encantadora, contesté:

—No sabes cuánto siento que pienses así, quizá tengas razón. Pero yo, que soy mucho mayor que tú, cuando leo un cuento de hadas (y solo mientras lo leo) las hadas existen, sin discusión. Mientras leo, creo en ellas y disfruto pensando que son reales.

La niña abrió los ojos sorprendida y, ante su mutismo, terminé diciendo:

—Es un pena que, siendo tú mucho más joven que yo, ya no creas en ellas.

    Cuando salí de la biblioteca supe que tenía que escribir unos libros en los que se hablase de ello, pero decidí, además, darles algo que hiciera los tres libros de la serie Pamela Panamá, inolvidables. Decidí que los nombres de todos los personajes de los libros fueran distintos tipos de sombreros. Lo más probable es que algún día mis lectores o lectoras tengan una conversación en la que tengan que nombrar unos cuantos tipos de sombreros. Entonces se acordarán de los nombres de mis personajes, extraños y desconocidos para los demás. Sabrán que que una “papalina”, una “jipi japa”, o una “gabina” son sombreros. Tal vez ganen alguna apuesta, seguro que recordarán entonces a Pamela Panamá y su mundo paralelo de hadas y seres mágicos de todo tipo y condición. Y recordarán, con cariño, los libros de hadas y eso, con sinceridad, a mí me gusta mucho.