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abr 10

Written by: Redacción Web
10/04/2010  RssIcon

¿Son los sentimientos invisibles? Yo pensaba que si, que eran invisibles y que todos vivían en el corazón hasta que un día, sin previo aviso, apareció uno sobre mi mano intentando convencerme de que la venganza era el mejor de los caminos cuando los niños de una clase habían decidido no escucharme. Le hice caso y el sentimiento de enfado desapareció. Apareció otro sentimiento diferente, de otro color, era verdecito y de dientes afilados. Este sentimiento me mordió haciéndome sentir culpable de mi venganza.

Fue entonces cuando me di cuenta que si aprendemos a ver los sentimientos, a ponerles nombres, podríamos controlarlos antes de que ellos nos controlen a nosotros, perjudicándonos en muchas ocasiones.

Cuando pedí en una clase de niños de 7 años, que me nombraran sentimientos y una niña me dijo que el rosa lo era, y otro niño añadió todo serio que el rosa no era un sentimiento pero que el azul sí porque era más de chicos. Pensé que lo decían en broma.

Después de unos días decidí no seguir preguntándome si era broma o no lo era y comencé a maquinar uno de mis proyectos más ambiciosos: la colección ¿Qué sientes?. Una colección de sentimientos, uno para cada letra del alfabeto, 27 sentimientos más sus contrarios. Un total de 54.



Partí de la idea de que no existen sentimientos malos y buenos sino que hay algunos sentimientos que nos perjudican y otros sentimientos que nos benefician. En esto fue en lo que decidí centrarme.  

Cuando sentimos envidia la sentimos y ésta nos puede perjudicar hasta el punto de envenenarnos la vida, a no ser que sepamos reconocer el sentimiento y, entonces, intentemos controlarlo. 

En los libros de la colección ¿Qué sientes? se cuenta una historia que comienza en el mundo real, continúa en un mundo de fantasía donde se encuentra la solución a los problemas de el o la protagonista para, finalmente, volver al mundo real donde se soluciona el conflicto. Los sentimientos adoptan formas visibles llamadas “Filins” (que viene de feelings en inglés). y son pequeños bichitos que participan en la historia mostrando de forma exagerada y cómica las características propias del sentimiento que representan.

Filins de la colección ¿Qué sientes?

Además de 27 sentimientos, más 27 contrarios, hay 27 niños, 27 letras, 27 soles diferentes, 27 descripciones visuales de cada sentimiento para distinguirlos por la expresión de la cara y el cuerpo, y hay 27 recetas para, de alguna manera, solucionar los pequeños problemas que podamos tener con nuestros sentimientos.

Los libros de la colección ¿Qué sientes? no están hechos para ser leídos en 27 días. Son libros de lectura rápida pero de digestión lenta, cuanto más largo sea el periodo de lectura y relectura, más partido se les sacará y más útiles se volverán. Se pueden leer en voz alta hasta que la letra cambia de color. Se pueden cerrar entonces los libros para que los niños y las niñas propongan soluciones diferentes al problema planteado por el libro. Se puede hablar de los sentimientos de cada uno, de sus experiencias. Todos deben opinar, sobre todo los niños y las niñas silenciosos, esos que suelen escuchar pero nunca opinan. Cuando todos hayan hablado buscando continuación al libro se puede continuar leyendo en voz alta el camino que ha elegido el libro. Hay infinidad de formas de disfrutar de ellos.

No cambiemos de libro inmediatamente, la segunda vez que se lee un libro se encuentran detalles que en la primera lectura no habíamos ni siquiera percibido.

El objetivo: que los niños se conozcan, sepan nombrar lo que sienten para poder expresarse y reconocer cuando lo sienten. Cuando una persona reconoce lo que siente puede actuar con mayor eficacia para potenciar el sentimiento en caso de ser beneficioso o buscar soluciones en caso de ser destructivo o perjudicial.

Con la colección ¿Qué sientes? he querido conseguir:

-Que los niños y niñas conozcan sus propias emociones.

-Que sean capaces de controlarlas.

-Que reconozcan las emociones ajenas y

-Que consigan controlar sus relaciones con los demás niños.

Con frecuencia suelo iniciar mis charlas, definiendo mi forma de ser:

—Soy una persona —digo— a la que le gusta intentar siempre la perfección. Intento hacer las cosas lo mejor posible. Tengo muy mal genio pero como tengo mucha paciencia compenso mi tendencia a enfadarme cuando alguien no me escucha…

Luego invito a que los niños se definan para, juntos, llegar al acuerdo de buscar la superación, a partir de una lectura pausada y sin prisas de los libros. Dedicando a cada uno su tiempo para que los conceptos no se mezclen ni se confundan. Desarrollando la inteligencia emocional infantil ya que tiene una importancia decisiva para el éxito futuro en la vida íntima, social y profesional de nuestros niños y niñas.

En definitiva, intento completar esa frase tan universal como incompleta que dice: “somos como somos”, para afirmar: “Somos como somos pero sólo los que saben cómo son podrán mejorar”.